Un nuevo proyecto tecnológico está cultivando fibras de madera a partir de células, lo que podría reducir la tala de árboles.

Fuente: Imnovation

La carne de laboratorio ya es una realidad que, poco a poco, comienza a llegar al público. En lugar de sacrificar animales, permite crear desde un entrecot hasta una pechuga de pollo presciendiendo de las prácticas ganaderas tradicionales. Pero ¿y si se pudiera aplicar el mismo principio a la producción de madera? Además de los beneficios medioambientales, tiene el potencial de reducir sensiblemente los tiempso de producción. Al fin y al cabo, un árbol puede requerir decenios para ofrecer la materia prima de nuestros muebles y hogares. En los laboratorios del MIT creen que es una alternativa viable y ya han empezado a dar los primeros pasos en esa dirección.

El origen de este innovador proyecto tecnológico fue la visita de la investigadora Ashley Beckwith a una granja, donde se preguntó por las áreas que podrían optimizarse. Una de ellas era el escaso porcentaje de aprovechamiento de las plantas cosechadas para alimentos o producción de materiales. ¿Había alguna forma de aumentar las zonas boscosas y mejorar la biodiversidad de los ecosistemas? Ahí nació la idea de las plantas de laboratorio. Las primeras pruebas se llevaron a cabo con células vivas de zinnia. El experimento se llevo a cabos sin necesidad de terreno o luz solar, sino empleando un caldo de cultivo. A continuación, transfirieron las células a un gel y las estimularon para que generasen estructuras similares a la madera. El ingrediente empleado fueron dos hormonas vegetales, la auxina y la citoquinina.

muebles

El equipo de científicos indica que las células de las plantas se pueden utilizar de manera similar a las células madre animales y modificar su comportamiento. En este caso, se experimentó con diversos niveles de hormonas para potenciar la producción de lignina, el polímero que dota a la madera de su consistencia. El equipo también aprovechó su experiencia en fabricación aditiva e impresión 3D para dar forma a este biomaterial. De este modo, el gel opera como una especie de andamiaje en el que pueden multiplicarse las células. En un futuro, apuntan, sería posible producir mesas y sillas de una sola pieza, sin colas ni junturas. Bastaría con utilizar el molde para obtener el diseño deseado. En definitiva, sería un nuevo paradigma.

Si bien las investigaciones del MIT son prometedoras, aún queda mucho camino por recorrer hasta que sea una tecnología escalable y económicamente viable. Otra de las técnicas de producción sostenible de muebles que se están explorando se basa en el micelio de los hongos, la llamada “micotectura”. La filosofía es parecida a la madera de laboratorio, aunque con la diferencia de que se utilizan hongos en lugar de células vegetales. Partiendo de un sustrato nutritivo, el micelio se propaga por toda la estructura y la dota de rigidez, una vez aplicado un tratamiento de calor que interrumpe el crecimiento.

Una muestra de este tipo de enfoque es el trabajo del diseñador de muebles Sebastian Cox y la investigadora Ninela Ivanova. La nueva línea de diseños que han desarrollado ofrece lámparas y taburetes fabricados con una combinación de micelio y residuos de madera. Ivanova señala que, en la naturaleza, los hongos y la madera suelen ir de la mano. Esta iniciativa, pues, permite aunar ambos materiales en objetos de uso cotidiano.

El micelio como materia prima también se está abriendo hueco en el mundo de la moda. Recientemente, la diseñadora Stella McCartney presentó su propuesta de cuero vegano sostenible creado a partir de hongos. La primera pieza es un conjunto de corpiño y pantalones negros prácticamente indistinguibles del cuero natural. 

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